Música 25 de febrero de 2023

La trova en Holguín, reliquia legítima

Música Reportaje
La trova en Holguín, reliquia legítima

Son las 10 de la mañana del cuarto jueves de septiembre de 2019. Toda la banda de Raulito Prieto espera por Manuel Leandro Sánchez en el local de ensayo contiguo a los Estudios Anima en Holguín. Esa manía suya de llegar tarde a todos los sitios, excepto a su peña "El club de los necios".

Carlos Ramírez, director musical de la agrupación, reflexiona mientras aguardan: "La música se repite. Los sonidos musicales no han cambiado desde el monocordio de Pitágoras o desde los cantos gregorianos". Mira en el piso su pedal recién comprado y ajusta las cuerdas de la guitarra eléctrica.
"La trova puede ser muy sencilla y luminosa o muy áspera y oscura, musicalmente hablando", prepara el terreno. Con la llegada del impuntual trovador, montarán el repertorio para el concierto de esa noche.

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La trova en Holguín es una reliquia, un objeto sagrado que muchos, erróneamente, creen que se llena de polvo en alguna esquina de la ciudad. Al analizar el funcionamiento de las peñas del género en los últimos albores de la antigua normalidad, encontraríamos un espacio cada día de la semana para que los seguidores de la música de autor saciaran su melomanía. Quizás no toda la descarga que un buen trovero necesita, pero al menos un aliciente.

Antes de que existiera este sistema de peñas auspiciado por Artex S.A, el Ministerio de Cultura y el sello discográfico Egrem (Empresa de Grabaciones y Ediciones Musicales), entre otras instituciones, los cantautores subsistían en espacios alternativos dispersos, la mayoría con fecha de caducidad o programaciones irregulares.

Según el cantautor Oscar Sánchez, hijo de la Ciudad de los Parques, el auge de la trova hacia 2008 era creciente: "estaba Alito Abad, Manuel Leandro, Raúl Prieto, Fernando Cabreja, Edelys Loyola… Un poco antes estaba la banda Cañenga y otros músicos que se unieron al movimiento de la canción de autor". Tal vez por ello, ese año Raúl Prieto Serrano creó la peña Tocando Fondo, que convocaría al concurso dirigido a trovadores noveles Para una imaginaria María del Carmen, en homenaje al sencillo de Noel Nicola. El primer ganador del certamen fue, precisamente, Oscar Sánchez, y el segundo lugar y premio de la popularidad, Manuel Leandro, joven recién graduado de la Escuela de Economía.

Cuando por diversos motivos en 2010 terminó su primera temporada y entró en un largo receso, los cantautores se dispersaron, cada uno en su mundo.

"De vez en cuando nos reuníamos y siempre llegábamos a la conclusión de que debíamos hacer algo juntos, pero hasta ahí. Como movimiento, se había enfriado. Aunque en ese momento los que quedábamos teníamos nuestros espacios individuales, varios ya se habían ido a otras ciudades o fuera de Cuba. Se sentía que faltaba algo", recuerda Manuel Leandro.

Necesitaban un proyecto que organizara de manera coherente y sistemática este movimiento de artistas holguineros. El cantautor Raúl Prieto vislumbró en los músicos de su entorno un crecimiento orgánico que podía potenciarse mediante la unidad. Por ello, el 29 de septiembre de 2016 creó La Feria de los trovadores.

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Fernando Cabreja, un trovador holguinero con una vasta obra, regresaba de Chile en agosto de 2016. "Voy a casa de Raúl Prieto a saludarlo y me dijo que llegaba en el momento preciso, porque yo era fundamental para lo que estaba armando", rememora Cabreja.
La Feria de los trovadores le sirvió para descubrir que Raúl Prieto y él no estaban solos —como muchas veces creyeron—, "sino que éramos, o mejor, que somos los adultos de la Feria, los que más años llevamos en este carro de la composición e interpretación de nuestras propias canciones".

Como compases aislados, llegaron al proyecto trovadores con diferentes estéticas, discursos y maneras de hacer. Tony Fuentes se incorporó tras ganar el concurso para aficionados: Escaleras, del programa radial Esto sí sabe a Cuba. Lainier Verdecia traía todo el folclor de las tierras calientes, empapado de sonoridades tras compartir con exponentes de la trova cubana radicados en los márgenes del Guaso, como Josué Oliva y otros.

Manuel Leandro Sánchez (Manolito) recorría los centros de Holguín con su pelo largo y extrema delgadez, pero con una voz y textos penetrantes, ya descubiertos en el concurso. Sin embargo, eran pocos los sitios donde se sentía parte de algo.

Edelys Loyola, única trovadora del proyecto cuya obra se dirige al público infantil, y Raulito Prieto (hijo) estuvieron desde el inicio, al igual que el santiaguero Orlando Silverio e Ivett María Rodríguez de Báguanos.

La Feria funciona hoy como una verdadera cantera para el crecimiento de trovadores aficionados hacia el sector profesional. Juntos lograron que la Empresa Comercializadora de la Música y los Espectáculos (ECME) Faustino Oramas audicionara a dos trovadores. Para Tony Fuentes y Lainier Verdecia, ser miembros aceleró el proceso para evaluarse como músicos profesionales. Contar con el aval de tantos trovadores reconocidos fue el impulso final que materializó la tan esperada audición. La Feria ha sido para ellos escuela, templo y trampolín.

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El crecimiento para los trovadores de la Feria ha llegado, principalmente, a través de la oportunidad de arreglar y tocar sus canciones junto a la banda que heredó de su padre el bajista Raulito Prieto.

Contar con una banda única, con la cual se intercambian ideas, se piensa y elabora cada arreglo musical, se enriquecen y acompañan los repertorios individuales es, precisamente, la particularidad que distingue a este proyecto holguinero de otros similares que se gestan en Cuba, como la Trovuntivitis.

Según Carlos Ramírez, director musical, los trovadores con los que ha trabajado actualmente son muy versátiles, diversos y dados a la experimentación, pero también muy celosos de su obra. A veces se le hace complejo entender qué quiere lograr cada cantautor y más aún comunicar esas ideas a sus instrumentistas, pues muchas de esas obras desafían la teoría musical.

Si Carlos Ramírez tuviera que caracterizar el proceso creativo que se da al llevar una canción compuesta para guitarra a una banda como la de Raulito Prieto, diría que:

"es un conglomerado de ideas y procederes musicales y conceptuales eclécticos, muchas veces opuestos. Cada músico de la banda tiene formación profesional, psicosocial y percepciones distintas. Esto nos ha permitido nutrirnos de ideas, aunque al final siempre hay que organizar el producto sin perder la esencia del trovador".
Lainier Verdecia destaca el sentimiento crítico y autocrítico que lo rodea; la interacción y socialización con sus compañeros lo lleva a revisar constantemente su repertorio, sus letras y su actitud escénica. Según él, "un aspecto muy positivo de la Feria son las sesiones de grabación por la parte instrumental y el asesoramiento de la banda para los proyectos individuales".

La mayor fortaleza de la banda en el proceso de arreglar y montar tan diversos repertorios es la influencia de sus integrantes en la fusión musical; la trova holguinera actual funciona como un puente entre diferentes géneros, estilos y conceptos.

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En la génesis de la Feria, se pretendió realizar acciones docentes paralelas que contribuyeran a la formación integral de los trovadores holguineros.

"En esta plataforma interactiva propuse diseñar cursos de armonía aplicada a la guitarra, de acercamiento a la literatura, a la poesía, para contribuir a la mejor calidad de las obras que surgirían", describe Raúl Prieto.

Con tal objetivo se creó la Cátedra de Cantautores Cubanos, una academia que intentó promover la música de autor a través del movimiento de aficionados de Casas de Cultura, aunque la rigidez burocrática frustró su funcionamiento.

"Estaba en la mejor disposición de atender todo el movimiento universitario trovadoresco, y en sentido general, pero el rigor burocrático chocó con mi parte profesional y no pude llevarlo a la realidad", reconoce Raúl Prieto.

Sin embargo, persisten las invitaciones y colaboraciones de esta nueva generación de noveles a los conciertos en vivo de la Feria de los trovadores. Ese es el caso de José Carlos Soto, joven graduado de artes plásticas, quien, pese a su preparación muy personal e íntima, ya debutó en el escenario del Callejón de los Milagros, donde habitualmente se presenta la Feria los últimos jueves de cada mes.

Soto, como todos le dicen, lleva consigo la buena energía de Raúl Prieto, la inspiración genuina de la obra de Cabreja y el profundo agradecimiento hacia Manolito, el primero en invitarlo a cantar en El club de los necios.

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Si bien son necesarias reformas internas del proyecto, es justo decir que podría recibir más apoyo institucional. Aunque la voluntad de colaboración existió desde el principio, aún se puede fortalecer más la visibilidad y permanencia de la Feria.

La trova holguinera goza de buena salud creativa, pero, lamentablemente, y pese a los esfuerzos realizados, "las instituciones que deben respaldar este movimiento han limitado su accionar en cuanto a logística, espacios, carencias, promoción, relación con la prensa oficial, entre otros aspectos", subraya Raulito Prieto.
En manos de las instituciones está el sueño de este proyecto: "contar con una sede propia donde presentarnos y ensayar, y, quizás, poder autogestionar ingresos; un sitio donde puedan venir artistas invitados de Cuba y de todo el mundo, que pudiéramos unirnos a los eventos que se hacen en la provincia", expresa Raúl Prieto, quien considera que esto no es imposible, ni siquiera difícil de lograr.

Por su parte, Fernando Cabreja y Tony Fuentes coinciden en que poder grabar material de la Feria de los trovadores con un sello oficial abriría muchas puertas. Además, sugieren organizar más presentaciones en otras provincias para dar visibilidad al proyecto.

Para ello, la Feria debe convertirse en un leit motiv para cada uno de sus integrantes. Lainier Verdecia opina que con ese propósito deben establecerse metas a mediano y largo plazo, ser un movimiento rentable y lucrativo, sin perder el carácter intelectual, de esparcimiento y la calidad de las propuestas.

Edelys Loyola insiste en que "si algo le falta a la Feria es presencia femenina, porque, aunque yo pertenezco a ella, mis características de cantautora para niños juegan en contra debido a los horarios y el público que asiste habitualmente". A ella le gustaría que otras mujeres se sumaran al proyecto para que sus sonoridades también enriquezcan de emociones distintas a los oyentes.
Más allá de su visión como músico, Carlos Ramírez concluye que "todo esto revela una divergencia entre lo que se quiere y lo que realmente se hace".

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Finalmente, Manolito llegó. A la una de la tarde terminarían el ensayo y los veríamos todos juntos a las nueve de la noche en el Callejón de los Milagros de la Plaza de la Marqueta. El auditorio estaba repleto, incluso con gente de pie; ese concierto de celebración por el tercer aniversario de la Feria de los trovadores tuvo gran poder de convocatoria.

Es que cada artista, con el paso de los años y a través de gestiones individuales y colectivas como esta, ha logrado construir un público fiel que hace suyas sus canciones y las convierte en bandera y estandarte. Precisamente por eso, la trova en Holguín es una reliquia que se legitima con los años.

Todos recordarán esa noche donde siete trovadores y una banda cantaban al unísono, compartiendo micrófonos, coros, sonrisas y guitarras. Internamente, ellos han crecido como crece la algarabía porque los sonidos musicales no han cambiado desde el monocordio de Pitágoras o los cantos gregorianos, sino que se descubren y perfeccionan siempre en el escenario.

De izquierda a derecha, Raúl Prieto, Manuel Leandro, Lainier Verdecia, Edelys Loyola, Tony Fuentes, Fernando Cabreja y Raulito Prieto; La Feria de los Trovadores.


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