Música 3 de diciembre de 2022

Preferiría quedar ciega, chico

Música Reseña
Preferiría quedar ciega, chico

Para Kevin, con la incertidumbre de lo no vivido que llegará.

Durante diez años balbuceé una canción en inglés sin detenerme a buscar la letra, hasta hoy. Su melodía transmite desgarramiento en poco más de dos minutos, pero nunca pude entender por qué ella preferiría quedar ciega, pues justo cuando empezaba a descifrar los versos, la canción terminaba. Para el hispanohablante no es imprescindible entender la letra de una canción en otro idioma: la música ha desdibujado esa frontera del gusto mediante su combinación de elementos sensitivos. Sin embargo, la revelación se completa al traducir.

Así transcurrí una década con I'd Rather Go Blind, de Etta James. Una canción despojada, con un estribillo que se desvanece al final. La pieza, que da tiempo a sufrirla junto a la voz excepcional de Etta, resuena como una tonada persistente en nuestro imaginario musical. Es, además, una canción que dicta su propia forma de ser interpretada. Como toda obra de arte, va tejiendo palabras bienaventuradas hasta llegar a su núcleo.

Etta James poseía una voz prodigiosa que la llevó a destacar como cantante de góspel. A finales de los años 50, cuando surgió el soul —género que fusiona elementos del góspel y del R&B—, James se estableció como una cantante clásica de baladas con un don especial para la canción popular. Para finales de los 60, cuando grabó I'd Rather Go Blind, ya había consolidado su carrera en un panorama prometedor.

Según el análisis musical de "El oído armónico", este tema está compuesto casi exclusivamente a partir de la alternancia entre los grados I-II, con cuatro compases de 4/4. Etta James, cantando en La mayor, con una voz que, aunque menos potente que en su juventud, se muestra rota y seductora, capaz de conmover, estremecer y fragmentar el alma, es el principal medio expresivo de la canción.

El aspecto estilístico y temático del clásico es igualmente extraordinario. James lo interpreta con una expresividad y matices sobresalientes. La música, los arreglos y la producción son de una belleza singular. La estética del soul vintage, característica del blues/soul de los años 60, ofrece un sonido refrescante incluso hoy, cuando la música suena tan distinta. A pesar de las numerosas versiones sublimes que existen, prefiero la interpretación original de Etta.

Los primeros versos cautivan inmediatamente:

Algo me dijo que se había acabado / cuando te vi hablando con ella / algo en lo más profundo de mi alma me dijo: "Llora, chica" / cuando los vi caminando juntos. / Preferiría quedarme ciega que verte alejarte de mí, / te quiero tanto que no quiero verte marchar /

Desde mi perspectiva, se trata de una relación romántica extinta. El final quedó marcado por ese momento desgarrador de ver al ser amado con otra persona, a quien probablemente le está ofreciendo todo lo que alguna vez le dio a quien ahora observa. En ese instante, ella preferiría la ceguera antes que presenciar tal escena. Sus ojos se convierten en la puerta de entrada a la desgracia, un puñal que, si bien no mata el amor de golpe, lo deja malherido. Solo queda entonces el consuelo del llanto.

Sin embargo, ella anhela que todo fuera diferente, y la imposibilidad del amor idealizado se revela como un acontecimiento doloroso:

Para que veas, te quiero tanto, que no quiero verte abandonándome, / baby. / Como la mayoría, no quiero, no quiero ser libre, no. / Yo estaba solamente, sentada aquí pensando, / en tus besos y en tu cálido abrazo, sí. / Cuando el reflejo de mis labios en el cristal ahora, / baby. / Revelaba las lágrimas que había en mi rostro, sí /

Así se equilibra este texto breve pero contundente, mientras la música adopta ese tono melancólico que exterioriza el desgarramiento. Muchos, en algún momento de nuestras vidas, hemos preferido quedar ciegos, como en la canción de Etta, quien seca su sudor y sus lágrimas al cantar, quizás para no tener que hacerlo después con la llegada de otro amor.

Quizás, como tantos otros que han sufrido una pérdida amorosa, uno preferiría quedar ciego antes que ver el final inevitable. Pero la música tiene ese don mágico de transformar el dolor en belleza, y estas notas que ahora resuenan son el testimonio de un amor que, aunque perdido, dio origen a algo hermoso. Como esta canción que sobrevive al tiempo, los recuerdos permanecerán, eternos en su melancolía, perfectos en su imposibilidad.


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