Varios 25 de octubre de 2022

La noche infructuosa y un cuerpo en movimiento

Danza Crónica
La noche infructuosa y un cuerpo en movimiento

En medio de aquel frío artificial, rodeada de más de un centenar de espectadores, me sentí cómplice al espiar el insomnio del sujeto sobre el tablado. El escenario parecía un cuarto contiguo al nuestro: compadecidos, identificados, desvelados junto a la performance. Nos conectaba ese lenguaje secreto de quienes reniegan del sueño ante el azote continuo de la realidad y, ante la imposibilidad de descansar de ella, optan por un término medio: la ensoñación de los cuerpos.

De fondo, para crear una dicotomía entre la dramaturgia del insomnio y la banda sonora, sonaba Drume negrita —interpretación de Carolina Baños con una versión al piano de Jordi Sabatés— un viejo tema de cuna cubana compuesto por Eliseo Grenet y popularizado por Bola de Nieve. Tocada en vivo, aportaba empatía al espectáculo; esta melodía resonaba en bucle tanto en la cabeza del bailarín como en la nuestra, habitantes de cuartos contiguos.

Nana para un insomnio de la Compañía de Danza Malpaso, homenaje al gran pianista y compositor Ignacio Villa, Bola de Nieve, se presentó el 21 de octubre de 2022 en la Sala Avellaneda del Teatro Nacional de Cuba durante el 27 Festival Internacional de Ballet de La Habana. En lugar de contrastar el mensaje y su concreción escénica, conviene revelar la lógica del cuerpo en movimiento y el espacio-tiempo en que se inscribe.

Una lógica que evidencia la conexión entre el trabajo del bailarín Osnel Delgado y el de la coreógrafa Daile Carrazana. La obra presta atención detallada tanto a los movimientos individuales como al flujo dramático. El bailarín alterna entre movimientos enérgicos y retenciones abruptas, cual juguete al que se le acaba la cuerda, representando una noche de insomnio persistente. Utiliza todo el espacio arquitectónico con una gestualidad equilibrada y envolvente, recurriendo al movimiento helicoidal. Este principio de estructuración espacial contiene una función conceptual potente: a través de la mímica, el intérprete recrea un dormitorio. Mediante la danza delimita paredes intangibles, sin sobrepasar cierta área escénica, transmitiendo así la idea de enclaustramiento.

Persiste una relación entre lo escénico y lo extraescénico donde, excepto el piano —elemento intraescénico—, los elementos espaciales son imaginados por el espectador, pues la escenografía permanece inmutable. Sin embargo, todo elemento es semiotizable; incluso el piano como signo enriquece el discurso visual. La interpretación musical nos sumerge en el espacio extraescénico, no visual, que más allá de ser el leit motiv de la danza, construye un paisaje auditivo que revela dos elementos fundamentales: la noche y el insomnio. Drume negrita es una nana melódica y armónicamente rica, cuya versión de Sabatés rebosa ternura y capacidad de apaciguamiento.

El sistema de iluminación persigue al performer como la luz encendida durante el desvelo, revelando el noctambulismo. Hay sombras y oscuridades que el ojo humano percibe pero una cámara fotográfica no capta, haciendo necesaria la experiencia in situ. Ahí despunta la sensibilidad del espectador. La coreógrafa Carrazana y el equipo artístico dominan estos recursos para generar emociones en el público.

Los movimientos de Osnel Delgado fluyen como de una fuente, trascendiendo lo creíble. Su vestuario mínimo, propio de una noche estival, revela un cuerpo musculoso que transmite una kinestesia magistral. Construye el personaje mediante el desplazamiento artístico, la gestualidad y la mímica, esculpiendo en nuestro imaginario escenas memorables.

Una de ellas surge cuando el bailarín juega con sus brazos en péndulo, retozando con su cuerpo en un contraste entre humor descarado y reflexión conmovedora. Otro momento crucial es cuando continúa danzando tras detenerse la música, eternizando el insomnio mediante el silencio y la quietud, revelando un cuerpo incapaz de detenerse sin estímulos externos. La narrativa adquiere tintes inquietantes al mostrar el autocastigo corporal del insomne: los ciclos de tenderse y levantarse, el cuestionamiento, la culpabilidad, el automecimiento.

Desde el cuarto contiguo, en medio del frío artificial donde la audiencia contenía la respiración en hermandad con el silencio, percibí mi conexión con un espectáculo que, lejos de manipular al espectador, escenifica nuestras noches de desvelo y sus fantasmas acompañantes.

Es una historia sobre la naturaleza elemental humana narrada con lirismo, que nos reconecta con nosotros mismos al presentar emociones y situaciones universales. Todos hemos sufrido las malas pasadas del sueño. La obra, mediante sus artimañas escénicas y su sabia apelación a la imaginación, ofrece múltiples lecturas, únicas para cada espectador según sus vivencias y temores.


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