Varios 19 de noviembre de 2022

A cada tiempo su arte; a cada arte su libertad III

Estética Artículo
A cada tiempo su arte; a cada arte su libertad III

La década de los 80 emergió como un caleidoscopio de luces neón y sueños sintéticos, un período donde la tecnología y el arte se fundieron. Entre el asfalto húmedo de las grandes ciudades y el resplandor de las pantallas recién nacidas, una nueva sensibilidad estética comenzaba a despertar. Era el momento en que los sueños analógicos se convertían en digitales, cuando la música abandonaba sus raíces puramente orgánicas para aventurarse en territorios inexplorados.

En medio de rascacielos de cristal y acero, mientras Wall Street dictaba los ritmos del capital, las calles vibraban con una energía diferente. La juventud, siempre en busca de nuevas formas de expresión, encontró en la tecnología emergente no solo una herramienta, sino un nuevo lenguaje para articular sus anhelos y rebeldías. El mundo estaba cambiando, y con él, las formas de crear y consumir arte se transformaban irremediablemente.

Los sintetizadores revolucionaron la música. El uso del reverb (hasta en la batería) evidenció la artificialidad del sonido. Era la época de experimentar e innovar y, como en el diseño, se transitó de un minimalismo a un maximalismo elegante al estilo Memphis. En este contexto nació la MTV, que adoptó la estética de estilos radicales y underground propios de las tribus urbanas. Pronto, toda la música que emergía de su canal se transformaría en fenómenos mainstream gracias a la publicidad. Durante este período la sociedad se obsesionó con el baile, la juventud, la delgadez y la vigorexia —en definitiva—, con la construcción capitalista de la belleza.

MTV revolucionó la cultura pop de los 80. Sus VJs (video jockeys), sus gráficos llamativos y su programación las 24 horas establecieron un nuevo formato mediático. Los videoclips evolucionaron hasta convertirse en producciones con presupuestos millonarios, donde artistas como Michael Jackson y Madonna presentaban narrativas visuales elaboradas. Esta revolución audiovisual creó un paradigma donde la imagen adquirió la misma relevancia que el sonido, y definió la estética de toda una generación.

Con los sintetizadores surgieron los géneros musicales house y techno, y con su llegada al Reino Unido y Europa, emergieron los ravers. El término ravers proviene del inglés y significa "hablar con entusiasmo, eufóricamente". Las fiestas rave son celebraciones de baile intenso que combinan música electrónica repetitiva con espectáculos de luces para crear un ambiente eufórico. Esta tribu, que buscaba escapar de la vida monótona, ejerció su libertad con una fuerza comparable a la de los beats de los 50 y los hippies de los 60, compartiendo también una estética similar.

Los ravers desarrollaron una estética distintiva caracterizada por ropa fluorescente, pulseras luminosas y accesorios que brillaban bajo la luz ultravioleta. La música electrónica, con sus ritmos hipnóticos y repetitivos, se convirtió en el elemento central de una cultura que celebraba la libertad individual y la experiencia colectiva del baile. Las fiestas rave, a menudo realizadas en almacenes abandonados o espacios industriales, crearon una atmósfera única donde la música, las luces y el movimiento se fusionaban en una experiencia sensorial total.

El movimiento rave también se caracterizó por su filosofía PLUR (Peace, Love, Unity, Respect), que promovía valores de comunidad y aceptación. Esta cultura underground eventualmente influenció la música mainstream y la moda, con elementos de su estética siendo adoptados por diseñadores y artistas comerciales.

Los 90 marcaron un retorno a los 70: el punk influyó decisivamente en el movimiento grunge. El estilo "mugre" se popularizó gracias a Kurt Cobain, vocalista de Nirvana, quien enfatizaba una estética austera para rechazar tanto el lujo predominante de los 80 como las normas del buen gusto propias de la estética yupi[1].

El movimiento grunge, nacido en Seattle a finales de los 80 y principios de los 90, se caracterizó por su sonido crudo y distorsionado, fusionando elementos del punk rock con el heavy metal. Bandas como Nirvana, Pearl Jam, Soundgarden y Alice in Chains definieron este género, que reflejaba el desencanto juvenil y la alienación social. La estética grunge se manifestaba en ropa desgastada, camisas de franela, jeans rotos y un deliberado descuido en la apariencia personal, en directa oposición a la ostentación de la década anterior.

La autenticidad era un valor fundamental del grunge. Los músicos rechazaban conscientemente la imagen pulida y comercial del rock de los 80, optando por una presentación más cruda y honesta. Esta actitud se extendió más allá de la música, influyendo en la moda, el arte y la cultura juvenil en general. Las letras abordaban temas como la depresión, la angustia social y la crítica al consumismo, resonando con una generación que se sentía desconectada del optimismo artificial de los 80.

El impacto del grunge en la cultura popular fue profundo y duradero. A pesar de su origen underground, el género alcanzó el mainstream, especialmente después del éxito de "Smells Like Teen Spirit" de Nirvana. Esta popularización llevó a una paradoja interesante: mientras el movimiento criticaba la comercialización, su estética fue gradualmente adoptada por la industria de la moda y el entretenimiento, creando una versión más pulida y comercial del look grunge.

Esta época también vio el auge del pop con Britney Spears, Christina Aguilera y bandas emblemáticas como Destiny's Child y Backstreet Boys. Las disqueras, al detectar el talento de estos artistas, aprovecharon la oportunidad para comercializarlos, creándoles una marca, imagen y sonido distintivos. Las mujeres adoptaron un maquillaje natural con sombras mate, labios brillantes y cejas definidas pero discretas, mientras los hombres mantuvieron su estilo grunge. Esta estética formaba parte de una cuidadosa construcción de personajes famosos, convertidos en productos puros del mercado.

Las décadas de los 80 y 90 representaron una época de profundas transformaciones estéticas y culturales. Desde la revolución tecnológica y el brillo neón de los 80, con MTV como catalizador de la cultura pop y el surgimiento de la cultura rave, hasta el regreso a la autenticidad cruda del grunge en los 90, estos períodos marcaron hitos fundamentales en la evolución de la música, la moda y la expresión cultural. La transición desde la opulencia sintética de los 80 hasta la deliberada austeridad de los 90 refleja no solo cambios en gustos estéticos, sino también transformaciones más profundas en los valores sociales y las formas de resistencia cultural. Finalmente, la comercialización de estas expresiones culturales demuestra la capacidad del sistema para absorber y mercantilizar incluso las manifestaciones más contraculturales, un patrón que continúa definiendo la relación entre el arte alternativo y la cultura mainstream hasta nuestros días.


[1] El estereotipo del joven ejecutivo común de los Estados Unidos.


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