En una noche cualquiera de 1999, mientras las computadoras del mundo entero se preparaban para el temido Y2K, un adolescente descargaba su primera canción en Napster. El archivo tardó horas en completarse, pero ese momento marcó el inicio de una revolución. La música, ese arte milenario que había viajado desde las cavernas hasta los CD-ROMs, estaba a punto de dar un salto cuántico hacia un universo de posibilidades infinitas. Los sintetizadores ya habían sembrado la semilla de la revolución digital, y el nuevo milenio prometía una cosecha abundante de sonidos nunca antes imaginados. La tecnología no solo cambiaría cómo escuchábamos la música, sino que transformaría fundamentalmente su esencia, su producción y su significado en la sociedad contemporánea.
En los 2000 se exageró el auto tune [1] sin discreción, mientras el pop dominaba la escena musical. En el mundo anglosajón sobrevivían las últimas bandas del auténtico rock como Nickelback y Green Day (apenas sosteniéndose). En el pop brillaban artistas como Pink, Shakira (quien para los nacidos en los 90 forma parte indeleble de nuestra memoria), J-Lo, Akon, Beyoncé, Rihanna y Sean Kingston. El rap también conquistaba lo mainstream con Eminem, Missy Elliott y Snoop/Pharrell. En el pop latino destacaban Juanes, Maná, Sin Bandera, Enrique Iglesias, Julieta Venegas, Carlos Vives, Fanny Lu, Paulina Rubio, Cristian Castro y David Bisbal. Todos adoptaron la estética pop, con la excepción de los Orichas en Cuba.
La salsa y el merengue fueron los primeros géneros en rendirse ante la tecnología, abandonando la exclusividad de los instrumentos reales en su producción —salvo Juan Luis Guerra y Marc Anthony. En este contexto emergió el reguetón, un género sin nombre definido en los 90 que, curiosamente, parecía un viaje 20 años atrás: al maximalismo menos refinado y al arte de "reinterpretar" géneros con estilo propio, con exponentes como Daddy Yankee, Don Omar, Wisin y Yandel, Tego Calderón y Calle 13.
La década de 2010 marcó una transformación significativa en el panorama musical, caracterizada por la hibridación de géneros. Artistas establecidos del pop como Enrique Iglesias, Jennifer Lopez y Shakira comenzaron a colaborar con exponentes del reguetón como Wisin y Daddy Yankee, mientras reguetoneros como Maluma y J Balvin incursionaron en el pop mainstream. Este período también trajo consigo un revival estético notable: el retorno del "bling bling" (joyería ostentosa característica del hip-hop de los 2000), la moda Y2K con crop tops, y el resurgimiento de los pantalones de talle alto. Esta evolución refleja perfectamente el principio que Gustav Klimt proclamó en 1897 en la Secesión de Viena: "A cada tiempo su arte; a cada arte su libertad". Aunque esta frase surgió en el contexto de la pintura modernista vienesa, su aplicación trasciende las artes visuales y encuentra resonancia en la música, donde cada época reinterpreta y actualiza elementos según su propio contexto cultural.
La década posterior consolidó en un solo dispositivo diversos instrumentos musicales y formas de diseño: la computadora portátil. Irrumpió el vaporwave [2] como escape del mundo real hacia el virtual, donde primaba la inmersión en la música digital, la nostalgia y los videojuegos de inicios de los 90. Los millennials —entonces los primeros adolescentes de la generación Z—, saturados de información, añoraban el low-fi de aquella época y comenzaron a criticar la sociedad de consumo mediante diversos símbolos. La tecnología se volvió inseparable de la estética contemporánea, convirtiendo Internet en el espacio de confluencia junto al maximalismo imperante.
El rap, que venía gestándose desde 2008, alcanzó su apogeo en la década de 2010. En el trap, su subgénero, los artistas se presentaban menos agresivos que en el rap tradicional, con vestimenta ajustada, y en lugar de buscar escapar de la crisis mediante la autopromoción, exploraban sus problemas personales con un matiz cercano a lo emo: un énfasis en la expresión emocional a través de letras confesionales.
Hasta aquí, la estética musical parece seguir ciclos de revisión cada 20 años. La explicación de este fenómeno se fundamenta en las características propias de la estética como corriente que atraviesa múltiples esferas. La primera es el aspecto socioeconómico: la nostalgia del público impulsa al mercado a reciclar tendencias pasadas cuando cierta generación alcanza la madurez —y con ella, la independencia económica.
La segunda razón radica en contextos históricos similares que provocan reacciones análogas. Así encontramos paralelismos entre la cultura hip hop y el rap de 2010, pues ambas generaciones enfrentaban crisis económicas profundas que exigían un discurso más contundente y transgresor. Los medios hablaron de una estetización de la pobreza: la lucha no pretendía generar riqueza, sino visibilizar la pobreza, utilizando la estética como herramienta de vanguardia.
Ahora el panorama ha cambiado. Tenemos a C. Tangana fusionando géneros en "El Madrileño", cuando antes se limitaba al rap; a Rosalía trascendiendo el flamenco para explorar diversas influencias musicales; a Nathy Peluso exhibiendo su cuerpo libremente, resignificando la sexualización femenina. Todos beben de referencias del posmodernismo artístico. La música demuestra un desfase de 30 años respecto al arte: las tribus urbanas de finales del siglo XX podrían equipararse a las vanguardias artísticas, y C. Tangana podría ser nuestro Andy Warhol.
Nos encontramos ante un arte que prioriza el concepto sobre la obra, alejado de su entorno, transhumanista. Así, una tercera razón para estos retornos estéticos surge cuando consideramos al artista como fundamento de su propio arte, capaz de influir en múltiples direcciones.
En el centro de todo esto subyace la evolución tecnológica. Desde los sintetizadores de los 90, pasando por el auto tune de los 2000, hasta el actual dominio de las redes sociales. Es innegable el impacto de la tecnología en la evolución estética musical, lo que sugiere que el metaverso dejará una huella significativa en este arte. Cada época musical posee una estética distintiva, pero cíclica, donde modas y patrones se repiten. Si esta tendencia continúa, ¿cómo se configurará la estética musical del futuro?
[1] Procesador de audio creado por Antares Audio Technologies para vocales e instrumentales. Es usado para enmascarar inexactitudes y errores, por lo que ha permitido a muchos artistas producir grabaciones con afinación mucho más precisa.
[2] El vaporwave es un género de música electrónica, un estilo artístico y un meme de internet que surgió a mediados de la década de 2010.
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