Varios 4 de marzo de 2023

Eternal Sunshine of the Spotless Mind

Cine Reseña
Eternal Sunshine of the Spotless Mind

Así como hay vidas destinadas a encontrarse, también hay recuerdos resistentes al olvido. Esto se refleja en la producción cinematográfica de 2004 "Eternal Sunshine of the Spotless Mind", una historia de amor entre Joel Barish y Clementine Kruczynski. Con el paso del tiempo, ambos desearon no haberse conocido y, mediante un procedimiento malévolo, intentan borrar sus huellas de la vida del otro. Sin embargo, cuando se cansan de luchar contra un sentimiento inquebrantable, descubren lo que el destino les había reservado.

La acción transcurre de manera confusa y resonante, tal como suceden los recuerdos dispersos en la memoria, mientras la intriga se construye sobre los protagonistas y sus motivos para distanciarse.

Las referencias literarias aparecen a lo largo del filme: escuchamos citas de Friedrich Nietzsche y Alexander Pope —de quien un verso da título a la cinta—. No obstante, no es un largometraje de autor que destaque por diálogos de extraordinaria carga semántica, sino por su principio constitutivo.

Cabe resaltar los símbolos forjados durante el filme que reaparecen en producciones posteriores del director francés, como las avionetas de juguete presentes en sus videos musicales para Björk y en el largometraje "La espuma de los días" (2013). También es característico de este director mostrar personajes con rasgos adultos en dimensiones infantiles para revelar la inmadurez o la resistencia al crecimiento y sus implicaciones.

El tratamiento visual de la película es preciso. Filmada en Nueva York durante 57 días, Ellen Kuras —la directora de fotografía— empleó dos cámaras en mano rodando simultáneamente, sin artificios excesivos, otorgando a los actores total libertad de movimiento. La fotogenia radica en la subjetividad, la dinámica de la acción, la dirección artística y las sutiles imágenes impactantes: como el plano cenital de Joel y Clementine acostados en el marjal helado, o una lluvia ficticia en la sala del apartamento. El tratamiento sonoro de Jon Brion complementa la diégesis del relato, equilibrando música, efectos sonoros, ruidos y silencios.

El guionista Charlie Kaufman nos presenta un conflicto donde la única posibilidad de vivir es aceptar el dolor como parte inherente de la existencia, sin intentar eliminar el sufrimiento y la depresión. Más aún, la capacidad de experimentar la felicidad requiere la presencia de sentimientos y estados de ánimo inalienables.

Los personajes retratan la singularidad humana sin artificios. Clementine es inestable, explosiva, arbitraria y de carácter áspero. Es una mujer decidida que genera inseguridad en los hombres: Joel vive temeroso de su voracidad e inestabilidad, mientras se muestra arrepentido por haberla herido en nombre de un amor irracional.

Ahí radica lo trascendental del argumento que plantea Michel Gondry: mostrar la esencia de las relaciones humanas que escapan a la decisión, el poder y el deseo. Aunque sentencioso, quizás sea cierto que el destino está escrito y, así como hay vidas destinadas a encontrarse, también hay recuerdos que resisten al olvido.


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