Varios 21 de septiembre de 2021

Un mundo de níquel para el mundo

Cuba Crónica
Un mundo de níquel para el mundo

En la primera etapa de la pandemia, Moa era un municipio ajeno a la crisis sanitaria. Allí podías ver a los pobladores en las calles sin nasobuco, una imagen tan surrealista como cuando nos escandalizan las escenas de gente sin mascarillas hablándose de cerca, o la euforia del roce colectivo en un concierto multitudinario.

Todo cambió con el primer caso positivo de COVID-19, proveniente de Haití. El poblado minero, que ya sufría una profunda crisis ambiental por la contaminación de la industria del níquel, junto al impacto social y económico del desabastecimiento y el aislamiento, ahora enfrentaba un pico pandémico que lo convertía en coprotagonista de la crisis.

Para confirmar lo que escuchamos en las cifras de las 9 de la mañana, basta conversar con Viviana Molina Carmenate, estudiante de 5to año de Medicina en el municipio más oriental de Holguín.

—Enfócame para poder ayudarte, mija. ¿Buscas historias de sobrevivientes de la COVID que estuvieron críticos? ¿O médicos en zona roja? ¿Médicos o pacientes maltratados? ¿O personas que perdieron a sus seres queridos? —escribe en el chat Viviana.

—Historias de solidaridad desinteresada, porque la situación en Moa no está nada fácil —escribo de vuelta.

—Ni Moa ni ningún municipio de este país estaban preparados para un evento como este. A pesar de los "Domingos de la Defensa" de los que nos jactamos hace años —replica ella—. Déjame pensar quién puede contar su experiencia.

—Bueno, ¿y cómo va tu carrera? —respondo.

—Va. Podría contarte mucho de lo que hemos pasado, pero no tengo batería.

—Ponlo a cargar.

—Se fue la corriente, mi vida. Acabo de llegar del centro de aislamiento del ISMMM (Instituto Superior Minero Metalúrgico de Moa), imagina lo cansada que estoy y me recibe este ambiente.

—Y mañana, ¿descansas?

—Sí, aunque en la casa no hay tregua nunca.

—No sé cuándo nos dará tregua esta pandemia. Supe por las redes sociales que aquel día de agosto, cuando se acabó el oxígeno, la situación fue muy tensa allá —recuerdo las publicaciones de moenses (algunos conocidos) que buscaban flumíters, mientras otros compraban oxígeno a cualquier precio.

—Un paciente consume en promedio 300 litros de oxígeno por hora. Es difícil suplir las carencias de oxígeno del hospital "Guillermo Luis", con sus 400 camas. Esto no significa que el director del hospital sea un incompetente; hay que ponerse en sus zapatos ante una situación como esta.

—¿Qué capacidad tiene un balón de los grandes?

—10 mil litros, pero imagínate que Moa promedia 40 pacientes diarios repartidos en varios centros de aislamiento. No todos se complican. Supongamos que se compliquen 10 en una hora: 3 mil litros de oxígeno en una hora. ¿Cuántas horas tiene el día? —explica Viviana en un audio.

—Entonces, ¿el mayor problema que tienen allá es el oxígeno?

—Y los medicamentos, no solo los antibióticos. Hay necesidad de analgésicos, antidepresivos, esteroides, hipoglucemiantes, broncodilatadores...

—¿Y no les han llegado donaciones? —luego busco qué significan cada una de las tipologías de medicamentos que me dijo, para burlar mi ignorancia farmacéutica.

—Sí. Llegaron jeringuillas de donación. Antes teníamos antibióticos pero no había jeringuillas para inyectarlos; ahora es todo lo contrario —Viviana inserta emoji de resignación 😔.

—¿Pero allá la vacunación no está frenando el contagio ni un poquito?

—¿Hace cuánto tú no visitas el municipio que te vio crecer? —señala en un audio bien molesta—. La vacunación tocaba desde el 21 de junio, y empezaron el 25 de agosto.

—Oye, te ha durado la carga —intento desviar su reclamo inicial.

—Ya llegó la corriente, olvidé decírtelo —hace una pausa—. Este municipio está totalmente descuidado. Ninguno de los propios pobladores se había dado cuenta de los problemas de contaminación en Moa hasta que llegó la COVID y se vieron los pulmones nublados en las placas. Ya sabes: "Moa, un mundo de níquel para el mundo".

—La mayoría de la población es minera —reconozco.

—Lo peor es que hay personas que culpan al personal de salud por esta realidad. Agreden y amenazan a los médicos. Y estamos de manos atadas: no podemos hacer más que dar lo que tenemos; pero si no tenemos nada, ¿qué damos?

—Sin embargo, han estado en pie de guerra sin descanso.

—Pero no somos de hierro, tenemos sangre corriendo por las venas. Nosotros entendemos el dolor ajeno, pero nadie comprende nuestro estrés. ¿Acaso no ven que también hemos perdido a nuestra gente en esta lucha?

—Vi una foto donde estaban varios cristianos arrodillados en las afueras del hospital, orando por los enfermos. Me preocupé por la propagación de la epidemia —le comento a Viviana.

—No, ellos mantenían la distancia, se ubicaron en la hierba donde antes se parqueaban los bicitaxis. Oye, aquí se suspendió todo tipo de culto o reunión cristiana. Aunque los moenses se aferran a la fe. Es donde buscan esperanza.

—¿Eso fue el día que se acabó el oxígeno?

—No sé si fue antes o después. Lo recuerdo porque ese día llamé al hospital para preguntar por el papá de David, que estaba solo en casa, se dio un golpe en la cabeza y lo llevaron convulsionando al hospital.

—David me contó. A su papá le habían dado el alta aun siendo positivo a la COVID, porque estaba sin síntomas, cuando sucedió lo del golpe estaba en casa.

—Cuando llamé, la enfermera me respondió casi llorando —me partió el alma eso.

"Mima, no me puedo poner a buscar paciente por paciente porque aquí se me complican muy rápido, no puedo dejar un paciente para preguntar el nombre de otro", dice Viviana que le contestó la enfermera con la voz temblando, justo antes de que se acabaran los tres minutos máximos que duran las llamadas al hospital.

—Es muy triste todo esto. Al papá de David lo van a remitir a Santiago de Cuba —le cuento.

—Es lo mejor, no damos abasto. Aquí se está trabajando día y noche sin descanso y llevamos más de un año en esta pincha.

—Esa pincha no se paga ni con dinero —intento hacerle ver una vez más lo humano de su profesión.

—Ahora tengo que salir a comprarle unos espejuelos a mi mamá, me los dejan en 600 pesos. Eso es otra cosa, en Moa los precios son exageradamente altos.

—Porque los salarios de la fábrica son altos.

—Pero no toda la población puede llegar a ese nivel; hay maestros, médicos y otros profesionales que no llegan ni a la mitad de lo que cobran en el níquel —otro audio, alterada—. Entonces, el desabastecimiento. No hay nada. Y por eso la población se desespera. Te dicen: "no salgas a la calle", ¿sí? ¿Quién va a buscar la comida?

—Alguien tiene que poner los ojos en Moa.


Comentarios (0)

Sé el primero en comentar.

Dejar un comentario