A Rosalía la amas o la odias. La consideras artificial o una artista extraordinaria. Te identificas con su mensaje o simplemente te encanta su sonoridad transgresora. Si bien es cierto que la cantante, con raíces musicales heredadas del flamenco, tuvo dos producciones discográficas bajo esta influencia —Los ángeles (2017) y El mal querer (2018)—, en Motomami (2022) nació una Rosalía distinta. Quizás siempre estuvo ahí.
Este renacer nos presenta a una Rosalía bella, repleta de inquietudes sobre su propia libertad como mujer y cantante. Tal vez porque "es mala amante la fama y no va a quererla de verdad" y "hay picos en las estrellas y los brazos", sintió la necesidad de crear un disco disruptor que reflejara lo que realmente es, más allá de lo que exigían de ella. ¿Y quién es?
Una mujer.
Fotograma del clip de Rosalía y J Balvin, “Con Altura” ft. El Guincho.
Un siglo atrás, este sustantivo sería prácticamente equiparable a la nada. Resulta difícil creer la forma vil en que se silenció a la mujer, alegando una supuesta debilidad física e intelectual. O peor aún, por la machista autocomplacencia animal del estigma reproductivo, como si el "segundo sexo" fuese un aparato creado por un dios exclusivamente para procrear, para dar vida a la sociedad y así preservar la especie. ¿Qué sentido tendría preservar una especie tan discriminatoria?
La resistencia surgió, por fin, como un hilo atado a la espalda de ese supuesto dios para decirle que se ha equivocado, y que viene la mujer "pecadora" a corregir aquella injusticia, ese fallo que las hizo inferiores desde la mismísima Eva cromosómica. La resistencia llegó entonces a la música, que no escapa de ser válvula de expresión, en este caso, para reivindicar y cambiar estereotipos.
Hace algún tiempo, esta resistencia tocó también al reguetón, una factoría de producciones con letras que históricamente han arrastrado la vulgaridad y el machismo, no solo en sus voces, sino también en sus prácticas. El mismo género que por décadas sexualizó y cosificó a la mujer, ahora experimenta una vertiente feminista. Yendry, Nathy Peluso, Rosa Pistola, Karol G, Chocolate Remix, Tremenda Jauría o Tribade forman parte del imperio de las "motomamis", un término adoptado en redes sociales para referirse a las mujeres empoderadas, desde que Rosalía habló.
Es comprensible que muchas mujeres se identifiquen con este tipo de discurso, considerando lo que les ha costado ser visibilizadas en la sociedad. Sin ánimo de sensacionalismo: ha costado moretones, gritos o silencios, súplicas, temblores... sangre. Sin embargo, lo que no resulta tan evidente es que surjan hombres con tal grado de empatía hacia la causa feminista. He escuchado a una voz masculina nacida en la India, probablemente el epicentro de la violencia contra la mujer:
"Les debemos tanto a ellas que no me importa si se exagera la causa, si se incluye un artículo inclusivo en la Real Academia de la Lengua, si se privilegia la condición de género femenino al decidir para determinado puesto laboral, si se reconoce el ser ama de casa como un trabajo público... se lo debemos".
He visto a un cantante puertorriqueño expresar: "Las mujeres son complejas y tenemos que aprender a entenderlas". Este hombre dio un primer paso cuando lanzó al mercado "Yo perreo sola", cuyo mensaje trasciende el movimiento latinoamericano y se aplica en todo el mundo (de las pocas cosas que han podido penetrar en otros mercados): permita que una mujer sea quien quiera ser y no la obligue a nada.
Fotograma del clip de Bad Bunny, “Yo perreo sola”.
En mayo de este año, ese primer paso se convirtió en un salto con Andrea, el decimonoveno tema del disco Un verano sin ti (2022). Bad Bunny ya había ganado millones de adeptos con su trap, pero Andrea es diferente, puesto que el tema trasciende el canal comunicativo y automáticamente convierte al cantante en una "motomami" más —aunque lo llamaré "motopapi"— y lo vincula íntimamente a esta canción.
Andrea es como un poema a la mujer moderna y su libertad: así la visualizó Raquel Berrios, de la agrupación musical Buscabulla, a quienes se les encargó casi la mitad de la letra y la producción. Nuestro "motopapi" se interesó en la sonoridad de Buscabulla, sin duda una música caribeña del futuro, aunque en el momento del contacto virtual la agrupación se encontraba en su mejor presente, en sus palabras: en el pop experimental en español.
Ellos, en su afán de pensar conceptualmente sus maquetas musicales, tuvieron absoluta libertad en Andrea. Tal vez, sin proponérselo, rompieron con el canon de que lo latino suele ser exótico y lleno de colores, para, en cambio, traer otra sensibilidad, una contraria a la producción de música que objetiviza a las mujeres.
Dúo puertorriqueño Buscabulla, formado por los esposos Raquel Berríos y Luis Alfredo del Valle. Tomado de: https://wwm.rocks/buscabulla-regresa-a-su-natal-puerto-rico-con-un-disco-estupendo/
En este sentido, la sonoridad urbana ha roto con las percepciones tradicionales del género para demostrar que se pueden tratar temas profundos, experimentar un espacio público de convergencia musical y divergencia teórica. Lo escuchamos en Bizcochito del disco Motomami de Rosalía:
Yo no soy y ni vi'a ser tu bizcochito / Pero tengo to' lo que tiene delito / Que me pongan en el sol, que me derrito / El mal de ojo que me manden me lo quito / Yo no soy y ni vi'a ser tu bizcochito / Pero tengo to' lo que tiene delito / Que me pongan en el sol, que me derrito / El mal de ojo que me manden me lo quito /
Con su peculiaridad, lo escuchamos en Andrea:
No quiero que nadie me diga lo que yo tengo que hacer / Se ponen a hablar y conmigo verán, no van a joder / Que digan lo que sea / Yo subo y bajo como la marea / Se tratan de montar y tambalean / Quiero alguien que se atreva, que se atreva y me entienda a mí/
De esta manera, Bad Bunny, junto a Buscabulla y sus muchas colaboraciones espectaculares en Un verano sin ti, sin dejar de abrazar el placer hedonista de hacer música urbana, salió de su zona de confort para abordar la complejidad social de la calle. Así, en Andrea, nos presenta a una mujer que busca respeto; que siente y padece, con una complejidad extraordinaria en su tristeza.
Y va más allá de los conflictos internos de esta mujer. Andrea, a pesar de sentirse fuera de lugar, no quiere dejar Puerto Rico, como suele hacerlo toda su generación: el sentimiento patrio no distingue géneros. El tema vuelve a aflorar en la canción El apagón, del mismo disco:
Yo no me quiero ir de aquí / No me quiero ir de aquí //// Que se vayan ellos //// Lo que me pertenece a mí / Se lo quedan ellos / Que se vayan ellos / Esta es mi playa / Este es mi sol / Esta es mi tierra / Esta soy yo/
Portada del disco «Un verano sin ti»
Por otro lado, a pesar de que muchos lo han hecho, no voy a relacionar a Andrea con Andrea Ruiz Costas, quien con 35 años fue asesinada el 27 de abril de 2021 en Cayey, Puerto Rico. No, y mil veces no. La Andrea de la canción bien puede ser la historia de cualquier mujer, porque la idea del machismo solo se refuerza a través de un lente cultural, y este mismo lente debe ser capaz de neutralizarlo.
Bad Bunny es parte de ese cambio, aunque todavía necesite ser más consecuente con su discurso. Advierto en Un verano sin ti una disyuntiva entre una canción como Andrea y, por ejemplo, otra como Tarot, con una inclinación evidente hacia la cosificación de la mujer y todo lo que hemos puesto en tela de juicio hasta este punto.
Más allá de esta apreciación (ideal para desarrollar en posteriores análisis), mientras algunos hombres sientan la necesidad de demostrar su masculinidad a través de las mujeres, y persistan el acoso sexual, el irrespeto, el menosprecio, la subestimación y el odio, seguiremos padeciendo grandes injusticias sociales. Con la esperanza de un cambio cultural, nuestro "motopapi" se ha establecido como parte del movimiento "ni una menos" a través de su música.
Bad Bunny, y Rosalía, y Buscabulla.
#MeToo.
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