Música 15 de octubre de 2022

Tiago Iorc y la melodía del cambio entre música y memoria

Música Reseña
Tiago Iorc y la melodía del cambio entre música y memoria

La música está llena de resortes conectados a la memoria afectiva y a los placeres. La melodía, la armonía, el ritmo y el tono, entre otros componentes, operan sobre los sentidos y afectan la experiencia de escucha de manera singular cada vez que nos sometemos al ejercicio de oír.

Hace dos años, me encontraba frecuentemente sumergida en la discografía del brasileño Tiago Iorc. Escucharlo provocaba en mí una sensación endovenosa de fragilidad, inflaba los sueños y la bendita capacidad de amar y ser amado. En aquel entonces, su biografía era irrelevante: desconocía su infancia entre Inglaterra y Estados Unidos, o que, sin antecedentes musicales en su familia, comenzó a tocar la guitarra acústica a temprana edad. Tiago transitó su niñez y juventud entre Londres, Nueva York, Passo Fundo (RS) y Curitiba (PR) en Brasil, para después dar inicio a su carrera componiendo música pop en inglés y, poco a poco, transformarla en su portugués nativo.

Mi descubrimiento de Tiago estuvo marcado más por el contexto histórico-social que por el significado literal de sus letras. Su obra, casi translúcida por su simplicidad y frescura, se sitúa en el género pop. Sin embargo, algunos podrían errar al considerarlo un nuevo Caetano Veloso. Dejando de lado las comparaciones, desde su debut en 2008, Tiago ha lanzado cinco álbumes de estudio y dos en directo, obteniendo varios Grammy Latinos, incluido el de Mejor Álbum de Pop Contemporáneo por Troco Likes. Ha colaborado con artistas como María Gadú, Silva, Sandy y Milton Nascimento, además de producir el primer álbum del dúo Anavitória y coescribir la célebre Trevo (tu).

En 2018 intentó retirarse, pero regresó poco después con Reconstrução y un MTV Acoustic, ambos en 2019. Este disco aborda temas complejos, como la depresión, y explora nuevas masculinidades, estableciendo un discurso significativo para la música brasileña contemporánea.

Todos estos méritos, sin embargo, parecen letra muerta si los superponemos a la experiencia personal con su música. En el breve y antiguo espacio de regodeo junto a las canciones de Tiago, experimenté un descubrimiento íntimo. La música de cada cual debe ser presumible y, en cierto modo, hay algo de presunción en aquellos productos desconocidos por los demás. La impericia de otros pone en nuestras manos una poderosa herramienta: la exclusividad de escucha. Sin embargo, más allá del placer del descubrimiento, el gozo estético se produce por el tiempo y las circunstancias que nos llevan a la música. La felicidad radica en la historia personal detrás de una canción, una historia trazada sin palabras, escrita por el poder cognitivo de la música.

No se me ocurre un mejor ejemplo que mi experiencia con la sonoridad de Tiago Iorc para explicar algo tan complejo como las relaciones bidireccionales entre la música, entendida en su forma más amplia, y la sociedad. Más específicamente, los elementos externos a la teoría musical que influyen y modifican el proceso de la escucha. Este territorio epistemológico pertenece a la sociología de la música, que estudia la trascendencia musical desde una perspectiva directa, viéndola como un fenómeno social. Analiza cómo los hechos sociales (privados o públicos) influyen en esta disciplina.

Para destejer el fenómeno de escucha de Tiago Iorc, podríamos compararlo con extraer una bella piedra de río y llevarla a un entorno urbano. Al sacarla de su medio, la roca pierde brillo y su textura lisa, adquiriendo un color ocre y, quizá, una rugosidad en su superficie. Esta metamorfosis o evolución no significa necesariamente una pérdida de belleza, sino un cambio en el sentido más estricto de la palabra.

El río donde “estaba Tiago” esperándome era Radio Crisálida, un canal de Telegram creado por el periodista Rafa G. Escalona. Durante el confinamiento, subía diariamente de tres a cinco canciones acompañadas de breves descripciones. Sobre Tiago escribió:

“(…) se ha ganado en la última década una reputación de cantautor a golpe de canciones frágiles y exquisitas como pequeñas fantasías hechas de hielo. Recientemente, el brasileño lanzó la que reconoce como su primera composición, Você pra sempre em mim, un tema dulce y delicado que data de su adolescencia. Me parece un lindo brote para amanecer”.

Con este pie escuché la canción y todo lo descrito anteriormente ocurrió: magia, esperanza, fantasía, en medio de la incertidumbre de una cuarentena.

El sociólogo Alphons Silbermann elaboró un amplio estudio sobre la sociología de la música, sentando las bases de este campo. Su tercer supuesto establece que la sociología de la música se compone del análisis estructural de los grupos socio-musicales y sus relaciones funcionales, así como de los factores sociales que influyen en la creación y percepción musical. La música, como instrumento comunicativo, establece un canal privado entre el oyente y la obra, moldeado por circunstancias sociales y subjetivas.

Tiempo después, en otra ciudad y sin el confinamiento de por medio, volví a escuchar la canción. Para entonces, ya era una piedra ocre perdida entre las capas del desapego. Aquí ocurrió un proceso involuntario: la transformación de mis gustos bajo la influencia del contexto y la independencia del sujeto que escucha. Por eso, regresar a las canciones que nos hicieron felices en su momento requiere plena conciencia: aceptar que el camino será pedregoso e incierto, y que los placeres originales podrían transformarse por completo.

A Tiago Iorc ya no regreso de la misma forma.


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