Música 5 de febrero de 2023

Violeta se fue como pájaro sin plan de vuelo

Cine Reseña
Violeta se fue como pájaro sin plan de vuelo
Escribe como quieras, usa los ritmos que te salgan, prueba instrumentos diversos, siéntate al piano, destruye la métrica, grita en vez de cantar, sopla la guitarra y toca la corneta. Odia las matemáticas y ama los remolinos.—Violeta Parra

"La creación es un pájaro sin plan de vuelo, que jamás volará en línea recta", y así vivió Violeta Parra. La película Violeta se fue a los cielos imita esta misma libertad: una reconstrucción no cronológica del mundo interior de la artista chilena y las personas que compartieron sus viajes, amores, sueños, frustraciones y miedos.

Desde la carpa que construyó en Santiago de Chile, los recuerdos y el arte visitan a Violeta. Sus logros se muestran en un recorrido episódico, desde sus inicios como cantante de circo junto a su hermana hasta su consagración internacional como compositora y artista en París.

La película incluye muchos de los temas más emblemáticos de Parra. Escuchamos su Gracias a la vida y, en uno de los momentos más memorables, Maldigo del alto cielo. Las canciones se integran naturalmente en la narrativa mediante un recurso cinematográfico efectivo: la actriz interpreta la canción en un recital, que luego continúa como música de fondo en las escenas siguientes.

Violeta Parra en su labor de recopiladora, interpretada por la actriz Francisca Gavilán, a la derecha. / Fotograma de la película.

La película destaca una de las mayores pasiones de Violeta, fundamental para la época y la cultura de su país: la recopilación del folklore chileno. Se adentraba en los lugares más remotos del país, sola o con su hijo Ángel. Con su carisma, conseguía que la gente le cantara, permitiéndole registrar en su cuaderno las canciones populares que después llevaría a las escuelas. En esta labor esencial para la educación, recopiló más de tres mil canciones del acervo chileno.

El director Andrés Wood nos acerca a esta mujer polifacética: poetisa, cantautora, tejedora, recopiladora y artista plástica. La película, basada en el libro homónimo de su hijo Ángel Parra, se nutre también de otras biografías y entrevistas con personas clave. El filme construye un retrato de Violeta como un rompecabezas, logrado en gran parte gracias a la simbiosis con la actriz Francisca Gavilán, quien encarna los rasgos esenciales del personaje: su carácter fuerte y determinado, su inmensa capacidad de trabajo, la confianza absoluta en su obra artística, su canto y el amor incondicional a su tierra.

Sin embargo, lo que verdaderamente fascina de la trama no es este recuento histórico de su vida, sino el misterio tras el desenlace de la "madre del folklore chileno", tanto en la realidad como en la película. ¿Por qué se suicidó Violeta Parra a sus tempranos 49 años? ¿Fue por la partida de su amor más turbulento, por sus fantasmas artísticos, o por una soledad que se manifestaba como muerte onírica en vida? El suicidio permanece como una incógnita tan profunda como la muerte misma.

La película va revelando pistas sutiles que, con cierto esfuerzo interpretativo, sugieren el núcleo de la cuestión. Quizás así fue también en la vida real. El espectador no encontrará aquí una película estrictamente biográfica. Al terminar de verla, no podrá recitar datos exhaustivos sobre la cantante, pero habrá experimentado —y seguirá experimentando— su íntima subjetividad.

La partida del sueco, un amor fulminante

Su amor fulminante por un hombre extranjero más joven la consumió en un arrebato caótico y una adoración sin límites. Esta relación revela aspectos complejos y polémicos de su personalidad. Su vínculo inestable y tortuoso con Gilbert Favre —ya fuera amor u obsesión— podría considerarse el detonante de su decisión trágica. Wood lo plasma en diversos episodios: la discusión por celos artísticos en los exteriores del Louvre sobre su papel en la exposición de arpilleras, y los celos de Violeta ante la conquista boliviana del suizo.

El amor de Violeta, Gilbert Favre, en segundo plano. / Fotograma de la película.

Con la partida definitiva del "chinito", como ella lo llamaba, algo esencial se quebró dentro de Violeta. Pero no fue esta su primera pérdida devastadora. Antes, durante su estancia en Polonia, había recibido una carta en forma de poema con una noticia desgarradora desde Chile, donde había dejado a su esposo y sus tres hijos, la menor apenas una bebé.

La pérdida de una hija

Fotograma de la película.

Una de las escenas más perturbadoras de la película, que nos sumerge en la incertidumbre y el horror, es cuando la bebé de Violeta no despierta. La pequeña dormía boca abajo en aquel cuarto humilde, donde también descansaban sus dos hermanos. El varón, más pendiente de la criatura y de su hermana que el propio padre.

El niño, que no llegaba a los 10 años, corrió con la bebé en brazos atravesando lodazales marginales hasta la casa de la comadre sanadora. Pero era demasiado tarde. La noticia de esta fatalidad llegó a Violeta mediante una carta en Polonia, donde trabajaba entonces. Decidió enterrar la tragedia y seguir adelante.

Violeta y la gente

La narrativa se estructura en torno a una entrevista televisiva que aparece fragmentada a lo largo del film. Este recurso permite explorar los cuestionamientos hacia la figura pública de Violeta y mostrar cómo ella se defendía. El entrevistador, interpretado por Luis Machín, no escatima en hostilidad, pero Violeta responde con humor, inteligencia, sinceridad y dignidad.

El entrevistador, interpretado por el argentino Luis Machín, no tiene reparos en ser desagradable con Violeta. / Fotograma de la película.

En un momento crucial de la película, el entrevistador la obliga a elegir entre sus medios de expresión: poesía, música, escultura, pintura... Ella responde: "Elegiría quedarme con la gente". Esta respuesta revela lo imprescindible en la vida de Violeta: su arte siempre estuvo impulsado por el contexto social.

La carpa vacía

Lugar que sirva de universidad del folklore. / Fotograma de la película.

En sus últimos años, Violeta emprendió un proyecto ambicioso: crear una universidad del folklore. Concibió una carpa donde la gente pudiera escuchar sus canciones, contemplar sus cuadros y tapices, y degustar alimentos regionales. Un espacio donde músicos invitados contribuyeran al intercambio cultural. Pero su sueño no se realizó como esperaba, y la ausencia del público fue minando sus fuerzas.

En definitiva, "la creación es un pájaro sin plan de vuelo", pero necesita un impulso para trazar sus diversas rutas por el espacio del arte. Violeta en soledad era como una muerte onírica. Podía sobrevivir a la pérdida de sus seres más queridos, pero no podía existir sin la gente: su fuente de inspiración.

Andrés Wood logra mostrar a una mujer que trasciende los estereotipos artísticos. Un biopic que, precisamente por no ceñirse a la carga histórica, resulta valioso. Con Violeta se fue a los cielos alcanzó su objetivo, mereciendo el premio a mejor ficción internacional en Sundance 2012. Aunque es difícil saber si la visión de Wood es la más fiel a la realidad, nos regala el privilegio de redescubrir a esta artista única y adelantada a su tiempo a través de una película profundamente poética.

Como el pájaro sin plan de vuelo que fue su vida, Violeta Parra dejó un legado que sigue resonando en la cultura latinoamericana. Su música, su arte y su espíritu rebelde continúan inspirando a nuevas generaciones, recordándonos que el verdadero arte nace de la autenticidad, del amor por la tierra y de la conexión profunda con el pueblo. La película de Wood, más que un recuento biográfico, es un homenaje poético a esta libertad creativa que caracterizó a una de las artistas más significativas del siglo XX en Chile.


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