Varios 1 de septiembre de 2022

Paul Seaquist: la danza como punto cardinal

Danza Testimonio
Paul Seaquist: la danza como punto cardinal

"El destino es muy especial. Un día estaba en el Teatro Lorca —hoy Teatro Alicia Alonso— y me presentaron a una señora.

—Paul, te quiero presentar a Maricel Godoy, directora de una compañía de danza en Holguín.

—Es un gusto conocerte.

—El gusto es mío —me dijo. Me cayó bien desde el primer momento.

—Mira, Maricel, ahora no tenemos tiempo, pero te invito a tomar un café mañana.

I

Aunque nació en Estados Unidos, Paul Seaquist vivió su niñez en Chile. Desde pequeño, cuando su madre lo llevó por primera vez al teatro, le apasionó el mundo de la danza. Pronto lo matricularon en la Escuela de Ballet de Santiago de Chile, donde estudiaría varios años. Un día, Iván Nagy, director de la compañía en esa época, tuvo una conversación con Seaquist que cambió el rumbo de su vida.

"Iván me llamó a su oficina y me dijo:

—Paul, te ves muy bien en el escenario, tienes gran tamaño y bonitas piernas, pero te quiero hacer una observación —me comentó que lo más probable era que no llegara muy lejos como bailarín—. Creo que tienes mucho más que ofrecerle al mundo que ser bailarín.

"Yo, un chico de 17 o 18 años, me sentí muy ofendido. Quería ser Mijaíl Barýshnikov, Rudolf Nuréyev, tenía grandes sueños. Indignado me retiré de esa reunión preguntándome hacia dónde debía ir y qué iba a hacer. Poco a poco el enojo se fue y con los años advertí que Iván tenía razón. Después, ya más maduro, tuve la oportunidad de conversar este tema con él y se lo agradecí profundamente. Por tanto, debí buscarme un propósito nuevo".

II

"Maricel y yo tomamos un café al otro día en el Meliá Cohíba. Ella es una persona muy accesible. Me contó lo que estaba haciendo con su compañía y qué le gustaría hacer.

"Eso me puso a pensar, porque tenía entre manos un proyecto pensado para Cuba. La idea surgió hacia 2009 o 2010, cuando Alicia Alonso invitó a Vladimir Malakhov a bailar en su Festival Internacional de Ballet de La Habana.

"Él hizo dos funciones, una en el Teatro Mella y otra en el Lorca. Cada vez que terminaba de bailar, salíamos por la puerta de los artistas y se agolpaba una cantidad enorme de gente para conocerlo, pedirle autógrafos, tomarse fotos con él. Muchos seguidores querían tocarlo y él se comenzaba a desvestir: regalaba una pulsera, un pulóver, una zapatilla, algo. De regreso a Berlín, me comentó:

—Paul, quiero regresar a regalar más cosas a Cuba. Gestiónamelo.

Vladimir Malakhov.

"Comenzamos a planear cómo hacerlo. En esa época dirigíamos la Ópera de Berlín y se me ocurrió crear una asociación entre la Ópera y el Ballet Nacional de Cuba. Traeríamos invitados a la Isla como coreógrafos, bailarines, talento europeo. Y, al mismo tiempo, invitaríamos bailarines cubanos a trabajar en la Ópera de Berlín, todo financiado por nosotros.

"Lamentablemente el proyecto no fructificó. Hubo muchos problemas. No entiendo por qué no funcionó si estábamos regalando arte y artistas de primer nivel. Al parecer, no fue bien visto por las autoridades cubanas y las autoridades del Ballet Nacional. Pero las ganas persistían por ambas partes.

"Le comenté a Maricel Godoy que deseaba hacer algo para ayudar con el desarrollo del ballet en Cuba. Ella me aseguró que le encantaría contribuir con ese sueño y así nació lo que llegaría a convertirse en el Grand Prix Vladimir Malakhov".

III

Todavía hoy, después de tantos años transcurridos desde aquella tarde en que Paul salió dando un portazo de la oficina de Iván Nagy, las emociones permanecen vívidas en su memoria. El momento de abandonar el ballet, esa pasión que había sido el centro de su vida desde la niñez, dejó una huella que el tiempo no ha logrado borrar. La decisión de alejarse de los escenarios, aunque dolorosa, fue un punto de inflexión que marcaría el inicio de un nuevo capítulo en su vida.

"Estaba completamente solo. Había vivido durante bastante tiempo en un mundo donde interpretas papeles y roles, donde estás rodeado de amigos que son casi tu familia. De repente, abandonar esto resultó muy duro.

"Por azares del destino estudié Literatura en Estados Unidos, pero siempre extrañando el mundo de la danza. Vivía en Connecticut y todos los fines de semana tomaba el tren hasta Nueva York para ver funciones de ballet.

"Durante ese tiempo disfruté espectáculos de ABT (American Ballet Theatre), New York City Ballet, Alvin Ailey, entre otras compañías de renombre. Con cada una de estas, una conmoción profunda me hacía llorar. Podría haber sido uno de aquellos bailarines. Cuando terminé el período de estudios decidí volver al mundo de la danza. Cómo podría hacerlo era aún incierto, pero la decisión era inminente.

"¿Qué sé hacer? Sé escribir, estudié Literatura. Pues voy a enfrentar el mundo de la danza a través de las letras. Así empecé a escribir artículos de ballet, de danza en general y libretos".

IV

"Unos días después de aquel café, Maricel me invitó a Holguín a ver su compañía. Solo permanecí allá 24 horas; no obstante, me encantó. Descubrí mucha honestidad y elegancia en el desenvolvimiento de los bailarines. Además, el personal del Teatro Eddy Suñol me trató con mucho cariño. Eso me gusta, siempre he querido trabajar con gente buena y crecer con ellos.

"Malakhov y yo llegamos a Holguín porque queríamos ayudar. Muchos me han dicho que fuimos a parar allí porque no había más opción, pero realmente no es así. Holguín y Codanza, la compañía de Maricel Godoy, fueron los únicos que distinguieron la importancia del Grand Prix, aunque en esa época aún no se llamara así.

"El primer año se llamó 'Un regalo de Malakhov a Cuba'. Nombre muy justo, porque así creé el concepto en mi cabeza. Sin embargo, una vez en Holguín nos llevamos la sorpresa de que habían creado 'Un regalo de Cuba para Malakhov', también.

"Por ese motivo, creamos un pequeño festival en el cual se presentaron compañías maravillosas, como el Ballet de Camagüey; Médula, de Guantánamo; Codanza y el Ballet de Cámara de Holguín, entre otras. Fue un verdadero regalo descubrir tanto talento.

"Después de eso ya le otorgamos matiz de Grand Prix, de concurso. Nos dimos cuenta de que, lamentablemente, el artista de Oriente está muy abandonado y lo encontré poco justo. Ideamos la competencia para apoyar a estos jóvenes creadores, bailarines y coreógrafos y darles una vitrina".

Maricel Godoy recibe premio de la mano de Vladimir Malakhov. / Cortesía del entrevistado.

V

"En un momento me invitaron a hacerle una entrevista a Vladimir Malakhov, joven estrella en Nueva York. Luego de permanecer con él durante 13 horas, acompañados de buena plática y bastante vodka, nos hicimos amigos. De esa entrevista surgió el prólogo de una excelente amistad.

"Cuando siento miedo, tristeza, dolor o alegría hablo con Vladimir. Mantenemos una amistad de las que ya no se ven. No sería lo que soy ahora sin él. Malakhov ha sido una persona muy importante en mi carrera como empresario de danza, pero ya no es un cliente, sino un hermano".

Cuando Paul Seaquist empezó su carrera como empresario de danza, tenía la certeza de que debía darle un vuelco al perfil del estereotipo del mánager. "La imagen del mánager es muy fea: el tipo con el cigarro contando los billetes", decía mitad en broma mitad en serio. Él sabía que si quería triunfar en el mundo del management tenía que darle una visión completamente diferente a esta. No sabía muy bien qué hacer ni cómo hacerlo, pero ¡sí sabía qué no hacer!

"En Seaquist Dance Marketing (SDM) comenzamos a crear una cantera de artistas que se ofrecía a las grandes compañías del mundo de la siguiente manera: tengo tres productos: Vladimir Malakhov, Polina Seminova, Iana Salenko, ¿cuál de ellos te interesaría para alguna función o para ser estrellas invitadas de tu compañía? Y así comenzamos.

"Me motivó percibir que había un vacío en el mercado como empresa de management para bailarines y coreógrafos. Desde joven me interesó el management de artistas. Acababa de llegar a vivir a Berlín, Malakhov empezaba a dirigir la Ópera de Berlín y observé que potenciales estrellas no tenían quién dirigiera sus carreras. Muchos de ellos, por mi cercanía a Vladimir Malakhov, se me acercaban a pedirme consejos.

Paul Seaquist en conferencia de prensa junto a su amigo Malakhov. / Cortesía del entrevistado

"Hay numerosos bailarines desconocidos con mucho talento. Mi propósito era darles visibilidad a estos bailarines que de otra manera no habrían obtenido el reconocimiento que merecen.

"Poco a poco fuimos dándonos a conocer y creando un nombre, una marca. Hoy SDM es una empresa muy cotizada, básicamente un paradigma a seguir dentro de la danza. Hemos trabajado con todas las compañías del mundo: The Royal Ballet, la Ópera de París, Ópera de Berlín, Tokyo Ballet, Ópera Estatal de Viena, Miami City Ballet, American Ballet Theatre, New York City Ballet, entre otras.

"Entre el empresario y el artista tiene que existir una complicidad muy bonita. Muchas veces me llaman bailarines o músicos con los que trabajo para tomar cerveza, para salir a comer, y eso para mí es muy importante porque estamos trabajando con seres humanos, son personas con deseos, sueños, temores, dudas. Eso no se debe olvidar. Hay que saber aclararles sus dudas y mostrarles qué pasos dar.

"El mánager no es un mánager solamente: es un arquitecto de carreras, una persona que ve un diamante en bruto y lo pule hasta que brilla".

VI

"Al encontrar en Holguín artistas de un nivel extraordinario y compañías increíbles, me pregunté cómo era posible que no conociera estas compañías; era incluso peor: no las conocían los propios cubanos.

"De los bailarines cubanos no hay muchos conocidos a nivel internacional, a excepción de Alicia Alonso, la gran diva. Después de esa generación tenemos a Carlos Acosta, un excelente exponente de la danza con la suerte de tener una linda carrera gestionada por él mismo y con algunos miembros del equipo del Teatro Sadler's Wells en Londres. Otros excelentes bailarines son José Manuel Carreño, Rolando Sarabia y Viengsay Valdés.

"Tengo mucha afición por el ballet cubano. He tenido grandes amistades allí y entiendo y reconozco su virtuosismo. Hay cosas que solamente pueden hacer ellos y nadie más en el mundo. Poseen la calidez, las pasiones, los grandes saltos, los giros. No hay bailarín cubano que no gire".

VII

Si Iván Nagy no hubiera despedido a Paul, él nunca se habría acercado a la danza desde otra perspectiva. De no haber estudiado Letras en Estados Unidos, entonces no habría entrevistado a Vladimir Malakhov ni nacido la amistad, y mucho menos se habría convertido en su representante.

Sin esto último, nunca habría llegado a Cuba para participar en el Festival Internacional de Ballet de La Habana y, por tanto, Paul no hubiera conocido a Maricel Godoy. Sin cierto café una mañana en el Meliá Cohíba, los holguineros no disfrutarían del Grand Prix Vladimir Malakhov.

El azar traza rutas misteriosas. Es una infinitud de puertas que se abren.

Sin embargo, existen pasiones como el amor por el arte —especialmente por la danza— que en Paul Seaquist funcionan como brújula y punto cardinal, un destino inevitable.


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