En mi primera entrevista con el cantautor Raúl Prieto, me impresionó por sus logros. Me encontré con un músico de 53 años que hablaba con sus dedos, como si estos entonaran las melodías de una generación dividida entre la poesía y lo cotidiano. Solo una argolla en su oreja izquierda delataba su vínculo con el rock and roll.
A través de los años, nos fuimos encontrando en peñas, conciertos, descargas, aniversarios y proyectos. Al principio, conocía poco de Raúl, apenas la superficie de un artista de múltiples dimensiones: su pasión por la música virtuosa, su creación libre de cánones, su espíritu emprendedor en el arte.
Con el tiempo, y gracias a una amistad cultivada, mi ignorancia se transformó en entendimiento. Comprendí, por ejemplo, por qué prefería llamarse cantautor en lugar de trovador.
I
Raúl creció en Báguanos. Sus primeros recuerdos musicales son la dulce voz de su madre Lilí, mientras cocinaba viandas con carne para el almuerzo, y la música que llegaba desde la casa del vecino, un marinero de la flota pesquera cubana, hasta el corral donde un pequeño se mordía las manos.
"Mi mamá, Delis Serrano (más conocida por Lilí), tenía un gusto muy selectivo por la música tanto a la hora de escucharla como de interpretarla. Su voz era muy afinada, pero no puedo decir que esto haya sido un referente directo. Quizás sí lo fue el hecho de que crecí escuchando música de habla hispana y en inglés gracias a una grabadora de casetes que tenía el vecino".
Aquel vecino traía música de los cantantes españoles de los años 60: Camilo Sesto, Roberto Carlos, Nino Bravo, Danny Daniel, Joan Manuel Serrat. También llegaban Jackson Five, Barry White, Queen, Los Beatles, Los Rolling Stones, y más tarde Earth, Wind & Fire y Blood, Sweat & Tears.
Que los barcos no zarpen del alma/ que el perdón nunca sea un milagro/ que no tengan razón el adiós, ni la bala de John, ni el dolor ni el pecado…
Ya adolescente, buscaba aquella música en inglés que resonaba en su memoria hasta que descubrió la trova y todo el universo de cantautores latinoamericanos y españoles.
"En Báguanos existía un fuerte movimiento de artistas aficionados y en la secundaria básica formé parte del grupo Latinoamérica, que defendía la música folclórica latinoamericana y la música tradicional cubana. Desde 1978 empecé a aprender de ellos, en especial de Alfredo Álvarez, el director de la agrupación.
"En 1979 ya estaba haciendo conciertos con la agrupación. Y en el 80 todos los integrantes llenamos nuestras planillas para formar parte del Movimiento de la Nueva Trova (MNT) y empezamos a participar del sistema de festivales, que era muy rico en ese momento".
Este desarrollo musical fue posible gracias a sus referentes literarios. En Báguanos, varios maestros tenían un profundo conocimiento de Literatura, como el actual Dr. Rolando Bellido, entonces profesor de Historia, quien introdujo a Raúl en el mundo de la poesía, le enseñó a apreciar sus valores y le brindó herramientas para escribirla.
Sentados en el sofá, bajo una reproducción de la Boscomanía, de Cosme Proenza, le pregunto si puede regalarme un ejemplar de su poemario “Todos los silencios”, pero hace tiempo se agotaron.
Aquí debería escribirse un fragmento de uno de sus poemas, pero tendremos que esperar a una futura reedición del libro.
Foto: Adrián Aguilera
Con apenas 19 años, mientras continuaba en Latinoamérica, fundó junto a otros miembros del MNT el grupo Kontact, dedicado principalmente a versionar temas de pop rock. En 1986, estos grupos se incorporaron a la Asociación Hermanos Saíz (AHS), de la que Raúl también fue fundador.
A pesar de sus proyectos grupales, nunca abandonó sus presentaciones como solista. En los 90 formó con Ivette Rodríguez el dúo “El ángel gris”, iniciativa que lo llevó a establecer la Casa del Joven Creador en Báguanos, única en su tipo en un central azucarero cubano.
A principios de los 90 integró brevemente el trío Cristal, que actuaba para el turismo. En 1999 regresó a este sector con el Patio de los Artistas en el hotel Las Brisas de Guardalavaca, un restaurante donde los camareros también eran los músicos del local.
Soy en todas partes responsable de lo ya vivido/ porque es cierto que tratándose de anhelos/ cada uno se emborracha de sus sueños. / Ya no volveré a brindar con el olvido/ a pesar de la resaca de la vida.
II
Raúl toma la guitarra, inspirado por el frío nocturno y una ausencia. Escribe versos y les añade acordes, jugando con diferentes ritmos, sin preocuparse aún por definir el género. Esta libertad creativa es su sello distintivo.
En la hoja en blanco escribe:
Si ya no estoy contigo y el tiempo fue testigo del amor que te di/ si no te has dado cuenta de toda la tormenta que me causa vivir/ no tengo que llevar el alma rota por ti.
Así, con naturalidad, nacen las canciones que hoy enriquecen su repertorio. Son composiciones que abordan temas universales: la búsqueda de la felicidad, las despedidas, la reflexión personal, la redención y las múltiples facetas del amor.
De izquierda a derecha Raulito Prieto Espinosa, Raúl Prieto Serrano y Carlos Ramírez Cruz en el Callejón de los Milagros de la Plaza La Marqueta en Ciudad de Holguín, a propósito del segundo aniversario de La Feria de los Trovadores.
"Desde el año 2000 cuento con una banda propia: Raúl Prieto y su grupo. Esto me permite componer con libertad, sabiendo que el arreglista puede proponer adaptaciones tanto contemporáneas como tradicionales. A veces, las canciones ya nacen con un estilo definido".
Su mayor desafío ha sido mantener el equilibrio entre lo comercial y lo artístico. Comenzó a componer pensando en el formato de su grupo, incorporando elementos enriquecedores como el son, y retomando sus raíces de rock y pop para presentarse en los centros culturales de Holguín.
"En 2006 fundé la peña “A Esta Hora” junto a la Gerencia Cultural Artex S.A., que se convirtió en un fenómeno cultural en la provincia. La Casa de la Trova había perdido su esencia cultural, dominada por una farándula poco edificante. A la primera actividad solo asistieron siete u ocho personas.
"Pero se transformó en un evento que cada viernes llenaba la Casa hasta las puertas. Y mantuve mis principios: nunca interpreté canciones ajenas. Durante 15 años, he 'torturado' al público con mi propia música".
Descubrió que podía sostenerse mediante el sistema de peñas. Aunque su música no llenara estadios, satisfacía a un público que anhelaba la canción de autor. Aquellos versos escritos en soledad pronto se convirtieron en coros entonados por una audiencia que él mismo había cultivado.
Porque la vida pasa y no siempre te abraza/ el mundo parece no estar en su casa. / Le toco a la puerta, nunca se despierta. / No sé si es un sueño esta página incierta. / Siempre me despierto con ese silencio que tu ausencia deja.
III
Raúl Prieto se define más como cantautor que como trovador. Su música abarca flamenco, pop, jazz y son, siempre manteniendo una estética coherente, sea en canciones de amor, crítica social u otras temáticas.
"Busco mantener la estética que he defendido durante mi carrera musical, pero valorando las opiniones que puedan hacer mi obra más accesible para las nuevas generaciones. No me siento cansado, ni fuera de lugar, ni de época.
"Tampoco me considero una vaca sagrada, ni pretendo ser escuela o paradigma. Me adhiero a la educación popular, donde el aprendizaje es recíproco entre maestro y alumno. Por eso pongo mi obra al servicio de los músicos y acepto todas las sugerencias".
Esto se refleja en su última producción discográfica, Sin tanta filosofía, una maqueta digital que actualiza su disco anterior Rostro de nadie con sonoridades contemporáneas, respetando la esencia musical original de cada tema.
Entre sus composiciones destaca Para darte más, interpretada a dúo con Mayté Segura, directora y voz principal de Cubandaluz, agrupación holguinera. La canción, que fusiona ritmos flamencos con balada romántica, habla de un amor imperecedero, que podría interpretarse incluso como amor paternal, rebosante de ternura y devoción.
Puedo darte si quisieras niña mía, los restos del abrazo que dejaste. /A un viejo corazón se le hace tarde/ y puede que la vida no le alcance para darte más.
Por su parte, En pleno amanecer, dedicada a la juventud, incluye la colaboración de Jorgito Kamankola, quien cierra el tema con rap:
Aquí están mis cigarros pa quemarnos juntos los pulmones/ y mi boca hundida en esta risa y el dinero que me queda de la noche. / Toma mis manos llenas de latidos y prende fuego a mis pupilas y revuélcate en la risa que me cuelga del olvido…
Este último proyecto trasciende lo personal para convertirse en una obra colectiva que alcanza a la agrupación, al público, al país y al arte, con toda la libertad que existe entre la guitarra y la canción.
Los códigos musicales permanecen inalterables desde los cantos gregorianos, o incluso antes, cuando eran plegarias por descendencia fuerte y cosechas abundantes. La música mantiene su naturaleza cíclica en cuanto a semántica, signos y formas; sin embargo, evoluciona nuestra percepción de los músicos a través del tiempo. Esta reflexión me surgió al conocer profundamente el proceso creativo de Raúl Prieto, un artista que aún tiene mucho por ofrecer.
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