Música 22 de julio de 2020

Llevar una canción y nada más

Música Entrevista
Llevar una canción y nada más

Mi ciudad es un soldado, un beso inverso de la muerte de estos versos... No puedo llevarme la ciudad a cuestas como caracol bohemio, pero me llevaría una aldaba de malecón (con permiso de Marta), canciones y muchas fotos desde los ángulos que nadie sabe apreciar de esta hermosa ciudad, desde los rincones que ven los perros callejeros y las aves en sus árboles. Me llevaría, en una palabra, la poesía que es amor y no se agota. Y me acabas de dar un tema de canción sin proponértelo.

Hace unos meses me uní a un grupo de Telegram llamado Segunda cita. Es de trova y, cuando entré, se hablaba principalmente de Silvio Rodríguez. Ahora abarca más géneros de nuestro país. Ese grupo y su gente se convirtieron en mis peñas durante la cuarentena: compartíamos canciones y era nuestro foro de debate, el ágora de los trovadictos.

Una madrugada de abril, mientras varios le dábamos el desvelo a Telegram, Ernesto Fabián, de Santa Clara, preguntó con timidez si podía compartir un tema. El administrador accedió. Esa noche no lo escuché, pero días después alguien comentó que era su trovador favorito. Fui directo al canal de Ernesto Fabián, escuché todo de un tirón y quedé en letargo durante dos horas. Finalmente, volví a aquel tema que el cantautor nos había presentado en el blog.

Ernesto Fabián tenía seis años cuando comenzó a aprender guitarra, y un año después empezó a cantar. Recuerda que su padre guardaba una guitarra sin cuerdas en el clóset. Su tío encontró una solución rápida y cubana: le puso cables de frenos de bicicleta como cuerdas. Aquel trozo metálico sobre el mástil estaba tenso e intocable, pero él "daba deo" a pesar del dolor. Al verlo tocar con tanto empeño su guitarra improvisada, su familia comprendió que el niño iba en serio y le pusieron cuerdas de verdad.

"Empecé a componer en la adolescencia temprana. Hacía muchas canciones, todas muy malas y destinadas a la basura. Mi hermano era el filtro: solo le cantaba a él mis intentos, fallidos en su mayoría. Con la madurez entiendes que no es tan importante explicarlo todo en las canciones como si fueras a dar una clase; se trata de traducir lo que dicen la cabeza y el alma. La canción flota en los mares de cada cual.
Casi siempre compongo letra y música a la vez. Caminando, acostado, viajando, en medio de una prueba, hasta en el baño se me ocurre un verso o una idea. La anoto rápidamente sin importar nada más, luego me siento y dejo que la canción surja como ella quiera. Así nace un hijo más al que amo. Me inspiran temas de todo tipo, todo lo que siento que merece una canción. No me gusta limitarme; algunos lo hacen por miedo a que su canción no guste o por temor a ir más allá. Eso me causaría impotencia y explotaría de afuera hacia dentro".

Canciones del muro

Busco fotos de las aldabas del malecón de Santa Clara, ese punto de reunión peculiar donde no se ve el mar por ninguna parte. El ícono de Canciones del muro, el canal de Telegram de Ernesto Fabián, muestra una de estas aldabas: quien haya compartido una tarde allí sabe exactamente a dónde dirigir su recuerdo. Este canal se ha convertido en la plataforma ideal para que el joven trovador promocione su obra en el entorno digital, con un alcance cada vez mayor.

"El nombre del canal viene de un muro junto al Teatro de la Caridad, nuestro malecón santaclareño. No tenemos mar, pero lo imaginamos. Este trozo de asfalto se convirtió en un lugar de encuentro con guitarra en mano, canto y amigos, por el que han pasado generaciones.
"El canal nació como experimento. Lo creé, subí un enlace de un video mío cantando en Facebook y mis amigos empezaron a comentar y compartir por otros canales y plataformas. Esto de internet se mueve rápido. Le doy la bienvenida a cada suscriptor nuevo; ellos observan, escuchan y me dan sus criterios."

Fue en mayo, quizás llovía en Santa Clara, cuando un sentimiento de bonanza le inspiró una idea a Ernesto Fabián: "Señoras y señores, gigantes y molinos, agraciados y desgraciados. La canción que más votos obtenga la grabaré para regalárselas. La encuesta estará en pie hasta mañana a las 9 pm". Las opciones eran Calle melancolía, Tan joven y tan viejo, Esta boca es mía y Como un dolor de muelas. Ganaron las dos primeras y así obtuvimos temas de Joaquín Sabina en otra súper voz.

"Cuando interpreto canciones de otros artistas, me gusta hacer versiones propias, ponerles mi sello, hacerlas mías en ese momento. Me resulta aburrido y hasta difícil interpretarlas al pie de la letra, como vinieron de fábrica."

Lo que más impresiona de Ernesto Fabián es su tono de voz: maduro y grave, parece el de un hombre viejo, aunque él es solo un muchacho. Escuchaba sus canciones sin poder explicarme esa voz anacrónica, triste, singular. Se ha convertido en su sello distintivo entre los trovadores. Ahora, aunque versione la canción más conocida del mundo, su voz inconfundible no le permitirá pasar desapercibido, al menos para sus seguidores.

Canciones del muro cuenta con más de setenta suscriptores. Creo que, además de compartir sus canciones y su caminar artístico, Ernesto Fabián les regala la voz de una generación emprendedora. "Me he presentado en el Patio de la EGREM en La Habana y he cantado en otros municipios de Villa Clara, todos escenarios diferentes donde nunca sabes qué puede suceder. Es una meta importante para mí viajar y cantar en más lugares, conocer gente y creadores nuevos".

Cantar para un público Mejunje

La trova en Cuba tiene actualmente un epicentro importante en Santa Clara. El conocido movimiento de La Trovuntivitis, integrado por trovadores de los más diversos estilos, ha convertido al centro cultural El Mejunje en uno de los mejores espacios para disfrutar de la canción de autor. Por su parte, Ernesto Fabián le da vida a la peña Trazos de Ciudad que, más allá del protagonismo o la popularidad, es un espacio con espíritu propio.

"El público del Mejunje es un mejunje. Pero todo público es eso: una mezcla a la que uno se debe y quiere cautivar para que el mensaje y el sentimiento lleguen. El público solo pide una buena interpretación, y eso se logra desnudándolos y vistiéndolos de amor".

A todos los artistas, incluido Ernesto Fabián, les gusta que las cosas se hagan bien y con preparación básica. Es un problema —y no solo en Santa Clara— que el desorden lastre una brillante presentación. Muchos trovadores son víctimas de las carencias técnicas del sistema de cultura. Por ello, es aconsejable que cada uno adquiera sus propios medios (micrófonos, líneas, ecualizadores, equipos de audio), aunque lamentablemente deban conseguirlos en el mercado negro.

"Uno va con la idea preparada en la cabeza, pero luego vienen los percances: falta el técnico de audio, no hay luz, se rompe un cable... Sobre los errores se van construyendo las soluciones. Soy consciente de que la falta de interés organizativo no puede ser un obstáculo en el camino: hay que mirar al frente, ver al público y 'sonreír desafinado'. Esto no significa que deje de molestarme lo anterior y otras cosas: la burocracia, la incultura en la 'cultura', el interés lucrativo, el maltrato, el 'si no me sirves de nada, vete', el oportunismo... Me molestan y los denuncio con repugnancia; son células malignas, un cuerpo extraño en el corazón del arte."

Es magnífico que surja la crítica a la burocracia. Parte de esos males son el papeleo para liberar un modesto presupuesto para una peña, especialmente en el Mejunje con su amplia cartelera. El anquilosamiento de algunos artistas veteranos, la imposición de espacios antiguos e inamovibles, el oportunismo y el soborno en las empresas comercializadoras de música y espectáculos son males del sistema cultural. La crítica, libre de ataduras y compromisos, debe combatirlos cada día.

Surgen por todas partes nuevos cantautores e intérpretes; la trova pare a diario hijos con propuestas interesantes y singulares, algunos conocidos, otros por descubrir. Mientras esto ocurra, la trova, como el amor, no morirá. Asimismo, otra cara de la crítica positiva y altruista reconforta a las voces de diferentes generaciones de trovadores en un mundo donde la oferta musical crece día a día, multiplicándose en internet y haciéndose cada vez más accesible.

Callejero: el dolor de una vida intentando ser música

Ernesto Fabián trabaja actualmente en varios proyectos; el más intenso es un álbum que prepara en casa, solo con guitarra y voz. Ojalá incluya la versión acústica de mi favorita: Callejero. También está su peña, esperando por la salud del país, y un montón de ideas para canciones. Mantiene una serie en internet donde superpone fragmentos de sus temas a fotografías, creando una simbiosis entre letra e imagen.

Sus fotos casi siempre incluyen una guitarra o una mascota. Vive con su pareja y una perra llamada Mama, que recogieron en la universidad cuando acababa de parir; hoy es una hermosa sobreviviente azabache. Tienen un gato llamado Café, rescatado moribundo y golpeado del bulevar de Santa Clara, ahora un felino muy ocurrente. Un día, camino a casa, vio cómo abandonaban frente a él un pequeño gato negro que parecía un asterisco: hoy se llama Sofía y es la reina de las alturas.

"Hemos tenido muchos más, pero de tránsito. Los curamos y los damos en adopción; pasan unos meses y siempre aparece un dueño. Me indigna la gente insensible, que hace la vista gorda, que no entiende la gravedad, que dice 'ay, pobrecito' y sigue su camino sin comprarle al menos un trozo de pan barato. No comprenden, son simplemente 'humanos', lo que en estos días no es precisamente un elogio, al menos para mí".

Detrás de los acordes de Callejero hay una guitarra que sufre, un alma que no aguanta más, que le debía una explicación al insensible. Callejero es una de sus canciones predilectas, aunque lo estremece tanto que solo puede interpretarla al final, porque después no puede cantar más. Es de las pocas canciones que lo han hecho llorar mientras la componía. La historia detrás son todos los animales que ha rescatado y salvado, todos los que ha visto maltratados, los que lo han mirado desde el suelo.

"Quiero participar en más festivales de trova, quiero desaparecer de la ciudad por un tiempo: casa de campaña, mochila al hombro, andar caminos y 'verde que te quiero verde' (no sé si esto cuenta como aspiración, pero lo añoro). Ahora mismo, si tuviera que irme de Santa Clara, me llevaría una canción. No sé, no se me ocurre nada más."

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